Dónde hacerlo
Los dos editores de planillas
Cámbiala, imprímela y luego sigue
Después de publicar, imprime la hoja una vez y mírala en papel. La pantalla y la impresora enseñan lo mismo por diseño, pero es en el papel donde se nota que una cláusula queda rara o que una tabla salió apretada. Mejor un cambio, impreso y comprobado, que diez de golpe.
Si reescribes mucho del texto impreso
El sistema reconoce sus propias hojas cuando vuelven escaneadas, por la forma de lo impreso. Si reescribes buena parte de ella, te avisa: el papel es válido y se archiva igual, pero la primera vez que lo escanees habrá que colocarlo a mano. Después ya lo reconoce solo.
Lo que el sistema no te deja hacer — y por qué está bien
- Quitar o reescribir un párrafo que exige la norma. El papel sale con tu membrete; no te va a dejar romperlo.
- Publicar una hoja regulatoria a la que le falten piezas obligatorias.
- Meter una hoja nuestra como si fuera tu planilla. Te manda al editor, que es lo que querías.
- Hacer tuya una planilla usando la hoja de un paciente.
- Adaptar una planilla sin ser administrador.
- Cambiar un papel que ya está firmado. Nunca, ni tú ni nadie.
Todo lo que haces aquí queda en el acta
Quién adaptó una planilla, cuándo la publicó, qué versión estaba en uso el día que se firmó un papel concreto: todo queda registrado. Ése es el sentido de hacerlo aquí y no en un procesador de textos — el día que un inspector pregunte por qué esa hoja dice lo que dice, la respuesta existe.
